210213


El verdadero amor ideal no ha de poseer. Seguramente se ha de basar en la idea, en poder pensar sin tocar. Supongo que la idea triunfa sobre la mente  y uno sólo está ahí, sabiendo que existe y alegrándonos porque la razón de nuestra alegría está por ahí, siendo sin nosotros, bañando un mundo que no la ve con su luz.

Ha de tratarse sobre una alegría que nunca será nuestra, que no deseamos tener entre los dedos. Una risa bien conocida que no tintineará por nuestra ocurrencia y una sonrisa que no se desbordará sobe nuestra piel.

Imagino luces de media noche que entran por la ventana, que no podemos tocar, una lampara que baila fuera de nuestro balcón, que brilla hacia nosotros pero no por nuestra causa.

Imagino sus ocurrencias refugiándose en otra complicidad, sus miedos pidiendo amparo a otros brazos. Sus besos se podrían posar sobre todas las frentes del mundo y ninguna sería la mía. Sus pasos caminarían por aceras que yo he caminado, haríamos los mismos senderos separados. Cada noche, pensaría en la vida perfecta que jamás tendremos.

Jueves por la noche

Cómo imagino todas las preguntas que nunca responderás, en los abrazos que no harán puerto en mi pecho y los susurros que no oiré. Pienso también en los berrinches de lo que ya no reiremos ni las reconciliaciones que nos harán descansar tras un poco, o más bien un mucho, de miedo. Habrá miles de teorías que nunca discutiremos, ideas nuevas que no veré nacer, juegos a los que nunca sonreirás. Versos y versos que no se inspiraran en ti y suspiros que serán aire y no el amor que se me escapa para ir contigo.

Son las cosas que ya no serán, que son ideas para no tocarte, pensamiento que no te roce.


Yo no entiendo el amor ideal. Yo quiero beberte las ganas de vivir de los labios, tocarte con estas ansias que me alimentas, saber que el mundo empieza y termina en esta mirada tuya que me persigue.

Tal vez no sé cómo es un amor ideal, pero sé que tú eres el ideal de mi amor.


No hay comentarios:

Publicar un comentario