Regresábamos de un lugar que era y no era Reforma, veníamos de un museo o exposición o algo así y acompañados por César y Krispie. Discutíamos airados en una estación de metro inexistente, en un andén vacío, ellos se habían echado a un lado para no intervenir. No éramos novios, supongo que no habíamos convivido mucho por esos días pero ambos estábamos muy cerca de los gritos. Yo te pedía perdón repetidamente mientras tú me ignorabas y me veías con mucho resentimiento, yo, impaciente, hacía muecas.
-Lo siento- repetía- ¡Ya! ¡Lo siento! Deberías entender, me equivoqué-
Tu mirada torva parecía querer golpearme,al parecer te lo había dicho muchas veces, me daba media vuelta en el andén y me alejaba un par de pasos impaciente.
- Lo siento, me equivoqué, tenía que aprender- te reprochaba con más intensidad
En tu mirada algo se detonaba
-¿Aprender? Siempre estás aprendiendo
-Y nunca terminaré- aseguraba desafiante
Me tomabas de un brazo con brusquedad, me lastimabas un poco pero no me atrevía a quejarme. Me arrastrabas hasta unas escaleras que bajaban, todo estaba desierto pero querías un poco de intimidad. En el entrepiso, de repente, me soltabas y me dejabas contra la pared, me mirabas fijamente a los ojos.
-¿Y aprendiste?- me preguntabas con brusquedad,sin embargo era distinto.
-Espero- te aseguraba esperanzada, te sostenía fiera la mirada.
-¿Por qué?
-Por que te amo
Me mirabas
- Nunca terminarás de aprender- y fruncías el ceño
-No- un poco desafiante
De nuevo tu mirada se entorvecía, la fijabas en mí desde tu altura y te acercabas, estabas a un paso.
- Tú también aprenderás- aseguraba yo con un poco de rencor.
- ¿Y me perdonarás?
-Siempre
-¿Por qué?
-Por que te amo...por que nunca terminarás de aprender.
De nuevo te enfurecías, me mirabas con infinito odio y de nuevo preguntabas
-¿Siempre me vas a perdonar?
-Sí, porque nunca terminaremos de aprender, lo siento
Había furia en tu mirada, me daba miedo y furia. Te alejabas un par de pasos y volteabas.
-Nunca terminaremos, siempre nos equivocaremos una y otra vez- decía yo, quedamente: me había rendido y me disponía a subir las escaleras para dejarte en paz.
Girabas, me tomabas del brazo, de nuevo, y ponías contra la pared, de nuevo. Me mirabas.
-Nos equivocaremos y me perdonarás siempre- era entre una orden y como si quisieras que lo asegurara.
Yo te miraba, trataba de acercarme a ti pero retrocedías
-Sí- aseguraba sin gusto
De nuevo iba a irme cuando me mirabas fijamente, leía en tus ojos mucho enojo pero los sostenía fieramente, suavemente se amansaba y cabía en ellos algo parecido a la decepción, bajaba la miraba y de repente veía tus pies dando el paso de nuevo hacía mí, no quería voltear, de nuevo sentía la frustración. Otra vez me sujetabas con fuerza, al voltear a verte se mudaba en algo más. Empezabas a acercar tu rostro, yo me llenaba de miedo, como que quería huir.
Me sujetabas con fuerza y me besabas con resentimiento, con tanta intensidad que sentía el miedo. Nos bebíamos todos en ese beso. Me aferraba a ti.
Desperté temblando...
No hay comentarios:
Publicar un comentario