1 XII 12


Era un amor eterno, iba a durar una vida: ya habíamos aprendido que nada más importa, que éramos dos contra el mundo, que es un aprendizaje amoroso que era difícil pero que el secreto, en verdad, era no ceder. Cada quién sus convicciones, si tu crees que las hay más importantes: adelante. Yo no, uno puede equivocarse sin querer pero a sabiendas, ni de loco.

Si no quieres perdonar y olvidar, dejar todo a un lado porque era muy complicado y por que estabas cansado, pues adelante, vas. Pero no seré yo la que te secunde. Si no aprendimos nada será culpa nuestra y la comparto, si me equivoqué lo asumo, pero también asumo que yo estoy dispuesta a perdonarnos mil veces y más con tal de que no vivamos esa separación que, parece que no, pero tan bien conocemos los dos. Lo que me impresiona es que tú estés dispuesto a aventarte.

Quieres alguien con huevos para decirte las cosas, pues bueno. Todo perderá sentido de nuevo, tus días han sido fríos, distantes y lo serán cada vez más, te alcanzará el tiempo para leer y para hacer tu tarea pero nunca tendrás tiempo de besos y juegos. No me digas a mí que eres feliz, tal vez tienes más paz que cuando yo estaba ahí cometiendo errores pero eso no es ser feliz, además si tomas por referencia un momento así y crees que los cometí adrede y ya pues bueno, gran referencia.

Yo no te ofrezco paz duradera ni razón, no podré nunca darte lógica ni entendimiento. Te faltaría eternamente alguien de cabeza fría, de comprensiones lúcidas pero te ofrezco mi devoción, mi tardías pero seguras disculpas y estos labios que a veces se equivocan y hieren pero siempre quieren besarte. No te alcanzan mis parasiempres, bien, los estás dejando.

¿Estás fuerte e indiferente? Bien, perfecto, eso nos dará a todos tiempo, tiempo bastardo que maldigo y en el que te maldiré, lo siento. Ratos largos en los que te dirás que es lo mejor en esa vida tan sola y gris a la que te condenarás, bien, has olvidado esa estupidez  y ahora todos pagamos, supongo que es justo, yo te hice la vida de cuadritos un mes, ahora te toca a ti... a ver cuánto nos toca. Siempre tardas lo suficiente como para que deje de intentarlo, procuraré que sea pronto.

¿Lo bueno? Pues que como no me oyes, ni ves ni nada pues no podré hacer nada más que valer verga aquí.

Ojalá alguien te lo diga y si no te lo dice pues lo sabrás, lo sé, te lo dije antes y te digo, así, con huevos, que tengo razón, me la darán el tiempo y tú.  Mientras ve a desperdiciar todos estos días, estos besos y este amor, igual eres tan bueno esta vez que lo gastas lo suficiente como para ya no amarte o ya no amarme, cualquiera será por tu mano que yo no hago esas vilezas.

Conocemos estos ciclos, se repiten: tú te vas y no miras atrás.

Era un amor eterno, de una vida y así lo recordaré siempre, lo guardaré, LO GUARDO segura de que lo es, pero no te confíes, yo sabía entonces que el amor era eterno, lo sentía y lo defendía pero estaba tan bien guardado que casi ya no lo veía más que como una foto vieja. Sé que eso es lo que  quieres, o al menos eso es por lo que trabajas pues lee bien: lo lograrás y lo lamentarás.

Serías un pésimo científico, la evidencia demuestra que siempre nos extrañaremos, por eso deberíamos trabajar juntos, pero como prefieres otras certezas pues vas, reta a la realidad, igual la transformas. Ojalá aprendamos a no extrañarnos en este adiós eterno en el que quieres convertir a nuestro amor. Ojalá, yo pondré todo de mi parte, te lo prometo, para encerrar y ahogar esta pasión que me está gritando a ciegas: que no te deje ir, que te detenga, que este amor es mucho para tan poca conciencia y que es un poco de amor lo que podría curarte las venas.

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