No sé cómo se te olvida tan rápido tanto amor, no sé cómo no recuerdas las promesas y los planes. Apenas me creo que no hayas pensado, pero te doy el beneficio de la duda. En ese caso, cómo demonios has evitado los ratos de ocio, que algo te recuerde a mí sin querer, que te pregunten por mi o las ganas de abrazarme? ¿Que acaso no te dan ganas de abrazarme?
Tal vez es así, tú dirías probablemente que no y me exigirías que no me enojara pero cómo explicas todo este silencio. Creo que has convertido una nimiedad en un desmadre, que ahora todo esto se llena de sombres y rencores. A mi todo me habla de ti.... y eso que me he hecho de oídos sordos. Es eso lo que quieres? Ojalá pudiera llamarte y saber qué pasa, si debo tener miedo, si hay cosas que aún estén bien. Quisiera, al menos, no pensar en ti: como tú. Llenar mi mente de todo, todo el tiempo, escapar de estos ratos en los que las charlas parecen invocarte, en los que los objetos te señalan.
Me sé llena de errores y no puedo expiar a esta pasión tan hija mía pero, no puedo no pensar que te alejas de nuevo, que pones barreras, que nos haces daño.
No puedo llamar: lo sé. Estoy atrapada en este silencio de los reproches y las preguntas al humo. No sé si huir o enjaularme, si guardar tus ritos o desterrarte, si perdonarte y esperar a que vuelvas o alimentar esta fiera que me crece en el pecho.
Son las preguntas de tu ausencia, preguntas bien sabidas que no responderás.
Quiero tanto volver pero no sé si pueda. Cómo volver con una persona que no le preocupa perderme, que no me extraña, que no necesita verme ni oírme ni olerme, ni amarme una vez a la semana para estar en paz. Como amar en tempestar si tu amor es un río que pasó por mi rivera por venir crecido, que ahora se ha amansado de nuevo y me dejó mojada y sola.
Quiero tanto volver y me ronda la certeza de que no lo harás, me la sé como una poesía aprendida de niña, recordada por un verso al aire. Me sabe a fruto que se secó y pudrió en mi boca, en veneno que no supe escupir. El consuelo de tu posible vuelta es más un miedo a ratos, es una tortura chiquita: un retorno tan tardado que se vuelva tortura después de meses tibios. Es la posibilidad de tu decidia de meses.
Sólo una cosa podría calmarme y no va a pasar. Sería tu vuelta, tu retorno brillante con un perdón tan luminoso que no me deje reclamar, una promesa tan fuerte que me haga retomar mis fuerzas y sentir mis propios errores como más grandes. Eso podría ayudar pero la única certeza es este silencio tuyo que tan bien conocemos y que sea alargará hasta que aúlle a la madrugada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario