071112

No sé si duele como la primera vez o es una sensación tan vieja y conocida que casi es amiga, que casi viene a sentarse junto a mí ésta, la melancolía de tu distancia. Te veo y oigo en todas partes, me escondo a la par que te busco, entre charla y charla me afloras en un desazón que me provoca sentir ese corazón roto tan mal llamado en  todas partes. No sé si es un error, una pérdida, un nuevo inicio o la amenaza de un error que podría ser mi tumba, un afán que me vuelva loca. ¿No lo ves?¿Qué te puedo decir? Cuando vuelvas ¿qué debo reclamarte, qué debo pedirte?
Debo regresar a este desazón como quien va a casa de un viejo conocido, un lugar en donde debo aprender a estar contenta sola: feliz sin ti.
¿Eso quieres? Bueno, prometo no buscarte ni llamar, estaré atenta para no mandar mensajes y evitaré a toda costa los lugares que frecuentas, nunca más pensaré en caminar contigo tomada de la mano siguiéndote como al sol que eres -perdón- eras en mi vida. Pondré atención para olvidarte para siempre, haré hábito para no recordar que no te gusta el verde, que prefieres los sabores fuertes,  y que después de sonreír volteas hacia abajo un momento y me dejas ver tus ojos sonriéndome. Haré fuerzas para no pensar en la vida que,hasta hace unos meses, íbamos a pasar juntos y dejaré de lado las veces que me pediste que me casara contigo y dije no, enterraré en un lugar  muy oscuro las que dije que sí. Sacaré de mi agenda las fotos en las que me sonríes cuando ya no sé que planear. Desterraré, so pena de muerte, la manía de dormir pensando que me abrazas como antídoto contra el insomnio y las pesadillas: repetiré, hasta que lo memorice, que no debo mencionarte y que a los novios nuevos no les gusta oír sobre los anteriores; ignoraré, por supuesto, que tú me lo enseñaste.
Bien, si quieres que te deje en paz eso haré, caminaré recto y sin mirar atrás para sentir menos las ganas de regresar, recordaré que llamas poco y me aferraré a esa certeza como salvavidas, dejaré que te alejes y no te haré mi lucha tonta y romántica que tanta lástima te da. Será todo ello salvaguarda de tu paz, de tu alivio, ojalá te dure mucho, tanto que nunca vuelvas, que jamás me extrañes, que no arrepientas y que seas feliz, sino todo ello habrá sido en vano.

Siento ese terror infinito propio del suspenso, siento los hilos narrativo tensándose. Tú en tu mansión, en el templo sagrado de tu soledad, paseándote entre libros, teorías y partidos, a salvo sobre mullidos tapetes de autosuficiencia. Dijiste una vez que nada valía la pena sin alguien con quien compartirlo, lástima que seas un hombre de creencias tan volátiles... y yo que siempre te decía necio. Hay un cuento de una cebra que muere de amor. Cuando lo leí me dio miedo, porque siempre me he sentido medio acebrada, ahora sé que, al menos yo, no muero de amor. Qué bueno.

Siento, a veces, que debería aprender, dejarte ir y ver cómo regresas, pero sería vida, ésta, temiendo que te vas, caminando de puntitas para no alejarte, merodeando para no cansar. Los élitros somo demasiado caos para no tropezar de vez en cuando, si no has cambiado tú que crees que la gente cambia, imagina yo que me temo tan flama irremediable. Me pregunto si podría yo vivir sin saber si vuelves, enfrentándome a ti ( tú que siempre me dices que luche, que reniegas de mi orgullo para pedir perdón, que te huele a enemistad la autosuficiencia) para cumplir con lo que dices que debo ser pero viendo que te vas por más que lo soy contigo. ¿Con qué creencias regreso a lamerme las heridas?

Me reprochaste una vez no haberme mantenido firme, haber renunciado a ti cuando te sentía tan mío en mis sueños, cuando te olía el error en la soberbia, cuando te oía reproches, renegando de nuestro cariño. ¿Debería esperar a que empeoraras para actuar? ?Sería una mejor novia al sentarme a ver como exploras los límites de tu desapego y tu desdén, qué tanto puedes no verme y no extrañarme, qué tantas cosas puedes hacer sólo, para qué te sobra novia? Jajaja, ni aunque pudiera yo soportar de nuevo todos tus encantos lograría yo convencerte, dejarte ver.

Y las preguntas me coquetean como respuestas. Tal vez deba dejar ir, desplazarte tan rápido como sea posible para que cuando regreses sea fuerte por los dos y te  diga que no, llore de nuevo, sienta esta angustia que se volverá más tonta por ser repetida. Entonces yo demostraría que te amo al no dejar que nos condenes a este tonto juego en el que apostamos a perdernos para ganar dejarnos.


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