04 I 12

Yo tenía un sueño intranquilo, daba vueltas entre las sábanas, oía todo lo que pasaba a mi alrededor. De repente la puerta se abría, yo me negaba a moverme en mi cama tan enorme sin ti, quien entraba a la casa no hablaba, entraba a mi habitación, yo oía sus movimientos luchando por ignorarlos. Me sorprendía tu peso sobre mí, habías dejado tu ropa en el suelo, sentía tu penetración lenta, larga, profunda, quería hablarte pero mi boca se abría en una expresión sin palabras. Cuando llegabas al fondo de mí, tu boca alcanzaba mis labios, tu beso me llenaba las ansias de aferrarme a ti, tu cadera me guiaba suavemente, con una fuerza lenta que no me dejaba pensar. Tus brazos pasaban por debajo de mi espalda, me sujetaban los hombros, me hacían sentir q no me soltarías por nada, estaba feliz. Sentía, con esa vivídez de los sueños, el calor húmedo de tu piel, el ímpetu de tu pelvis, mi propia desesperación al sentir q podía perderte.El resto de la habitación desaparecía y me sumía en el suave éxtasis de tu marea. De la nada cambiabas el ritmo, una súbita desesperación te dominaba, tus labios dominaban mi cuello, mi rostro,mis dedos buscaban la comisura de tu sonrisa para memorizarla; tus dedos encontraban mis muslos trémulos. Mi espalda se curvaba en un mohín que simulaba dolor, te bebía el deseo, me perdía en tu cabello suave y espeso, las sensaciones crecían, el calor punzante subía desde mi entrepierna y calentaba mi vientre, sus oleadas amenazaban mi lucidez. Al llegar al cuello abrí los ojos.El techo sin luz delató tu ausencia.

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